11 dic 2012

Entre copas

Una noche de domingo, agobiado por el caso que me tra铆a dolor de cabeza durante semanas, decid铆 salir del 谩tico para despejarme y bajar a aquel bar de karaoke. Podr铆a despejarme, y quiz谩s volver ma帽ana a la rutina de otra manera.
Debido a mi profesi贸n como abogado, siempre era cuidadoso con el vestuario, pero para esta noche y a estas horas, decid铆 ponerme un jersey cualquiera y unos vaqueros oscuros, con unos botines desali帽ados.
Sin m谩s, sal铆 del 谩tico y comenc茅 a pasear por las calles de la ciudad en busca de aquel bar, que no quedaba muy lejos, a tan solo dos manzanas.
Para asombro, el bar estaba lleno. Miles de personas se agolpaban en la puerta no dejando casi entrar. Arrepentido por aquella elecci贸n, me dej茅 llevar por la masa de gente que me llevaban hacia el interior.
Miraba hac铆a un lado y a otro intentando dar una buena raz贸n a tanto aglomeraci贸n. Hombres  y mujeres que parec铆an expectantes antes lo que iba a suceder y que yo no sab铆a de qu茅 se trataba.
Decid铆 acercarme a la barra y por fin beber algo. Camareras exuberantes se encargaban de servirlas, era puro negocio. Guapas, te sonre铆an y te preguntaban qu茅 ibas a beber.
Esper茅 largo y tendido a que alguna de esas se帽oritas me atendiera y por fin una de ellas se dirigi贸 a m铆 cuando, alguien me rode贸 por detr谩s con sus brazos por el cuello y grit贸 cerca de mi o铆do:
-         ¡Ronda de chupitos para este chico tan guapo y para m铆!
Casi sordo, gir茅 la cabeza y descubr铆 una carita redonda y con una sonrisa de oreja a oreja. Sus ojos eran marrones oscuros, casi negros. Mofletes que ocupaban gorditos casi toda la cara y larga melena que ca铆a suavemente por su rostro, cuello y hombros.
Me iba a dirigir a ella para explicarle que aquello no era buena idea cuando extendi贸 uno de sus brazos, cogi贸 uno de los chupitos y de un sorbo, echando la cabeza hacia atr谩s, se lo bebi贸.
At贸nito no hice nada.
Volvi贸 a extender su brazo para soltar su vaso y coger el otro que llevaba mi nombre. Me lo acerc贸 a mi mano derecha y al ritmo de:
-         ¡Bebe, bebe, bebe! - entre gritos dando golpes en la barra.
Imit茅 su movimiento y con la cabeza hacia atr谩s me lo beb铆 de un solo trago.
No fueron solo uno, ni dos, ni tres…al quinto ya hab铆a perdido la cuenta.
Entre trago y trago propuso hacer un juego. Ella me har铆a una pregunta y yo tendr铆a que beberme aquel chupito y luego contestar, diciendo eso s铆, la verdad. Luego a mi me tocar铆a preguntar y ella contestar铆a.
Sin importarme las preguntas que pudiera hacerme, sino tan solo preocup谩ndome por c贸mo podr铆a volver a casa despu茅s de tantos chupitos, comenzamos a jugar.
***
Con el sonido desagradable del despertador, Jerry abr铆a los ojos con cierta incomodidad e intentaba mover con cierta molestia su brazo derecho para poder as铆 alcanzar a parar la alarma que hab铆a interrumpido su profundo sue帽o de un rutinario lunes m谩s.
La habitaci贸n sin ninguna se帽al de luz gracias a sus insistencias por cerrar las persianas y correr las cortinas, gir贸 su cuerpo para acomodarse entre aquellas sabanas y en uno de los movimientos sinti贸 el suave y caliente tacto de un cuerpo.
Aun torpe, disip贸 en la oscuridad una fina silueta situada justo a su lado y sin encender la luz intento averiguar qu茅 era aquello.
Agudiz贸 sus cinco sentidos para ir obteniendo pistas. Pod铆a escuchar la respiraci贸n pausada, pod铆a reconocer aquel perfume fresco que desprend铆a, pod铆a tocar con sus manos aquella larga melena que descansaba sobre la almohada. Pero consegu铆a tan solo intuir una silueta de mujer…movido por la curiosidad volvi贸 a colocarse de cara a la lamparilla, que ocupaba la improvisada mesilla de noche con unos cuantos libros de derecho, y apret贸 el interruptor.
La luz tenue amarilla de aquella l谩mpara dej贸 ver lo que parec铆a una evidencia. Encontr贸 a un joven mujer de melena oscura envuelta tan solo por las s谩banas de color morado que vest铆an la cama. Tan solo dejaban al descubierto su rostro dulce y redondo, su larga melena que en la oscuridad hab铆a tocado y su hombro izquierdo con numerosos lunares de color oscuro que adornaban su tersa piel.
Asombrado y aturdido por no recordar nada de lo que hab铆a pasado la noche anterior, decidi贸 que era buena idea disipar dudas y aclarar ciertas cosas.
Intentando no hacer ruido ni movimientos bruscos que provocaran que aquella mujer abriera los ojos, Jerry levant贸 la sabana lentamente y mir贸 por debajo de ella, descubriendo lo que tem铆a. Los cuerpos desnudos de ambos tan solo con ligeras prendas de algod贸n tapando lo m铆nimo, daban la clave de una noche m谩s de desenfreno que por causa de unas copas de m谩s, era imposible recordar c贸mo hab铆a llegado a casa, qu茅 hab铆a pasado entre esas sabanas y sobre todo…qui茅n era aquella joven.
Volvi贸 a apagar la luz, y decidi贸 a oscuras salir de aquella habitaci贸n y pensar en algo. Esto le pon铆a nervioso.
Con lo puesto sali贸 de la cama y de puntillas sobre el fr铆o suelo del 谩tico fue dirigi茅ndose a la puerta de la habitaci贸n. Apenas ve铆a nada, pero los brazos extendidos hacia delante y las manos abiertas, le serv铆an para ir palpando todo aquel objeto amenazante que pudiera producir ruido.
M谩s descuidado creyendo haber llegado, choc贸 con la pata de la cama d谩ndose un golpe seco en la espinilla que provoc贸 que hiciera un ligero amago de grito, pero que tan solo se qued贸 en la gran contenidas ganas y en un ligero morat贸n. Petrificado espero un par de segundos no fuera a que aquella chica se hubiera despertado…tras seguir escuchando aquella r铆tmica y suave respiraci贸n, corrigi贸 el rumbo  y esta vez por fin alcanzo el picaporte de la puerta.
La abri贸 sin m谩s y aprovechando la luz que entraba sin llamar en la habitaci贸n, gir贸 la cabeza para volver la mirada a la cama y all铆, la encontr贸 de nuevo.

3 dic 2012

Aquel mirador...


El ambiente era c谩lido como de costumbre. Me dispon铆a, una noche m谩s de principios de oto帽o, a pasear y a perderme por las calles serpenteantes  y estrechas de la vieja ciudad.

Las farolas iluminaban sutilmente el camino de mis pasos. Se hac铆an notar cada uno de ellos, con el contacto de mis zapatos de tac贸n con cada uno de los adoquines gris谩ceos que daban forma a la calzada, que una vez atr谩s en el tiempo, fue romana y 谩rabe.

Aquella ciudad marcada por la influencia de otras culturas, era bella por cada uno de sus rincones. Los naranjos colocados de forma lineal a ambos lados de la acera, aromatizaban el lugar donde me encontraba.

El color verde intenso de sus hojas y el color anaranjado de sus frutos, adornaban la fotograf铆a que en ese instante tom茅 con mi propia c谩mara, teniendo de fondo la presencia de la luna llena en el cielo. Un cielo poco estrellado para no quitarle protagonismo a la due帽a de la noche.
Continuando mi recorrido no perdiendo detalle, quise tomar un descanso y me dirig铆 a un especial mirador que anteriormente hab铆a escuchado hablar de 茅l. Estaba en pleno centro.
Seg煤n me hab铆an contado ten铆a unas vistas exquisitas. Sin dudarlo abr铆 mi mapa y localic茅 aquel misterioso mirador.

Me encontraba en una calle con casas a un lado y a otro, de gran altura que tan solo me permit铆a levantar la vista y ver el cielo. Y ah铆 estaba, el n潞 9.
Para mi sorpresa le铆 un peque帽o cartel a la entrada, que indicaba el nombre de un peque帽o hotel. 
Un poco incierta por no saber si aquel era el sitio que yo estaba buscando, entr茅 y pregunt茅 a la se帽orita que se encontraba en recepci贸n:

     -Disculpe me han dado esta direcci贸n con la excusa de que hay un incre铆ble mirador desde donde se puede ver la ciudad, pero no s茅 si es este el lugar exacto.

Tras plantearle mi situaci贸n, ella se dirigi贸 a m铆 enseguida dici茅ndome:

-                    -  Coja el ascensor del final del pasillo y dir铆jase a la 4潞 planta. All铆 lo encontrar谩.

Sin m谩s y volviendo a dudar de las indicaciones que me dieron, sub铆 en ascensor a la cuarta planta de aquel peque帽o acogedor hotel.

Se abrieron las puertas del ascensor. No escuch茅 nada. Aun con el cuerpo dentro, inclin茅 ligeramente el tronco hac铆a delante para ver si as铆 consegu铆a ver algo o a alguien. Nada.
Insegura por la situaci贸n sal铆 del ascensor con pasos dudosos y segu铆 la direcci贸n del pasillo. No hab铆a nada m谩s que una puerta blanca, m谩s adelante, con cristales opacos, tras la cual no pod铆a ver absolutamente  nada. No exist铆a ning煤n cartel que prohibiera el paso, ninguna cerradura que alertara de que pudiera estar cerrada, nadie en aquella planta que pudiera ayudarme o descubrirme…

Extend铆 mi brazo para coger el picaporte y lo gir茅 suavemente. La puerta se abri贸 sin ninguna dificultad y pas茅 el dintel.
Una especie de patio  aguardaba detr谩s de aquella simple puerta. Un peque帽o pasillo volv铆a una vez m谩s a servir de gu铆a, pero esta vez sin apenas visibilidad.
Sin saber d贸nde me hab铆a metido, avanc茅  mi pie derecho cuando una cadena de luces blancas se fueron encendieron de forma progresiva a lo largo de aquel camino y dejaron ver el suelo de piedra rojiza sobre el que me encontraba. Continu茅 mi marcha ahora m谩s tranquila y mirando cada instante a mi alrededor. Tan solo se dejaban ver tejados a dos aguas llenos de tejas viejas por el paso de los a帽os, azoteas inmensamente grandes llenas con macetas o algunas cruces de iglesias.

De fondo pod铆a o铆r ligeramente, un hilo musical. Era una especia de m煤sica relajante, pero ning煤n ruido que pudiera alertarme de presencia humana.
Obligada a girar, abr铆 los ojos sorprendida por la instant谩nea. Era este el mirador que yo andaba buscando y que torpe, hab铆a pensado no encontrar.

No lo dude ni un instante, encend铆 mi c谩mara mir茅 por el visor y no dud茅 en apretar mil veces el disparador.

No pod铆a perder aquella belleza colosal que guardaba, tanto en la noche como en el d铆a, la Catedral y la Giralda vistas desde arriba tan solo iluminadas por ese color caracter铆stico que le dan los numerosos focos que la iluminan desde los recovecos m谩s profundos.
En aquel patio, tan solo est谩bamos nosotras y aquel hilo musical.