12 ene 2013

Ganas en la maleta

Fundiendonos en un beso bajo las estrellas,pusimos punto y seguido a nuestra historia de amor.

Pondría tierra de por medio por solo unas cuantas semanas con las ganas, en mi maleta, de volver y ser besada en los labios.

Solo como él sabe. Solo como yo lo siento.

8 ene 2013

La colecci贸n de besos


Con cara serena y sentado en su butac贸n de piel marr贸n situado justo al lado del ventanal de la habitaci贸n, repasaba en su cabeza todos aquello momentos que comparti贸 con la que hace tan solo 2 semanas hab铆a sido su mujer, su preciosa mujer.

Solo cuando llega el final de una historia, el ser humano se pregunta c贸mo empez贸 todo y qu茅 hemos hecho para provocar que se termine.

Mario encendi贸 la llama de aquel amor, invitando a Marga a cenar una noche m谩s de verano. Bastaron pocas horas, para que entre ambos, saltara la chispa del deseo,  y terminaran compartiendo copa de champan y pasionales besos.
Las armas de seducci贸n de Mario, fueron calando poco a poco en el coraz贸n bien entrenado de aquella mujer morena de curvas exuberantes. Para la pr贸xima primavera floreciente, la parejita ya hab铆a dado un paso mayor de valent铆a, prometi茅ndose amor eterno.
Ahora, junto aquel ventanal, por donde los rayos de sol parec铆an iluminar una fotograf铆a de ambos, Mario secaba sus l谩grimas con la manga de la camisa. La camisa que Marga le regal贸 en Navidad y que 茅l en su momento, rechist贸 por el color verde odioso de la tela.
Suena el tel茅fono.

-         - Diga?
-        -  Mario…

Reconocida la voz de Marga, se reincorpora y se adecenta como si ella pudiera verle a trav茅s del auricular.

-        -  S铆, dime
-       - Siento que tengamos que arreglar los problemas de nuestro matrimonio, que un d铆a fue, de esta forma…pero no me lo pones f谩cil.
-        -  Es dif铆cil ponerlo f谩cil, cuando aun tengo sentimientos hacia a ti…
-         -Por favor, no sigas por ah铆. Solo te llamaba para…bueno, es igual. Nos vemos el jueves Mario. Cu铆date.

Con un helador cu铆date, Marga se despide de Mario arrepentida por haber hecho aquella llamada, cuando de fondo se escucha la voz de un joven treinta帽ero. Un guaperas que consigui贸 arrebatarle de sus brazos a la mujer que m谩s que quer铆a.

Terminada la conversaci贸n telef贸nica m谩s fr铆a y corta que recuerda jam谩s, vuelve a acomodarse para cerrar los ojos.


-     - Soy coleccionista de canciones Marga. Me encanta la m煤sica y creo que soy una de las pocas personas a las cuales le encanta su trabajo.
-       -  Pues yo soy coleccionista de besos.
-       - ¿Coleccionista de besos? Pero ¿qu茅 tonter铆a es esa Marga?
-      -  No es ninguna tonter铆a…tengo guardado bajo llave todos los besos que me he dado en mi vida y cada uno de ellos son diferentes y cada uno de ellos tiene una cosa especial.
-       -  Buah! Como se nota que tienes demasiado tiempo libre cari帽o… A ver, dime uno de los besos que tengas guardados.
-     - D茅jalo Mario, no me lo preguntes para que me sienta mejor. Lo seguir茅 guardando en secreto. Cuando realmente quieras saberlo me lo preguntas.


No es el primero ni el 煤ltimo recuerdo que a Mario se le viene a la cabeza. Tiene mucho tiempo para pensar y aunque no quiera siempre vuelve ella a su mente para recordarle una vez m谩s, que descuid贸 lo que debe ser cuidado todos los d铆as a cada momento.

Aquella noche en la que juntos preparaban la cena, recuerda perfectamente como Marga sac贸 el tema de la colecci贸n de besos guardados, y que ella escond铆a en alg煤n lugar. Reconoce ahora que no le prest贸 atenci贸n, ni siquiera dej贸 que se explicara y tampoco se interes贸 para saber de qu茅 iba aquello.

Ahora ansiaba por saber qu茅 era aquello de los besos, y sobre todo cu谩l era su colecci贸n personal. Sab铆a que despu茅s de  a帽os de matrimonio, deb铆a de tener alguno guardado en la que 茅l y ella, juntos, fueran los protagonistas. Alg煤n beso que ella considerara importante, especial, y por ello deb铆a de ser guardado.

Lo que Mario no sab铆a de toda esta historia, es que su mujer, guardaba cada uno de los tipos de besos que entre ambos se daban en alg煤n momento del d铆a. Los hab铆a de todas las clases y de todos los gustos.

Marga los depositaba en un tarro de cristal que escond铆a en uno de los cajones de su c贸moda. Eran simples papelitos amarillos con un nombre y una breve descripci贸n de cada uno de ellos por detr谩s.

Despu茅s de a帽os de matrimonio, Marga coleccionaba m谩s de 30 tipos de besos en secreto a expensas de un d铆a ser desenfrascados para compartirlos con la persona que hab铆a protagonizados la completa y absoluta totalidad de ellos.