Y tenias que sanar viajando, tirándote a lo desconocido a miles de kms de todo. Con el cosquilleo de la aventura (esa que tanto te gusta, arquera) con olor a vértigo y sabor a nuevos comienzos.
Tenias que conocerte tú y solo tú. Con tus más y tus menos. Con tus días grises y con los que sale el arcoíris (como siempre después de una tormenta, por muy fuerte que sea).
Volviste distinta, no mejor ni peor. Quizás ni siquiera diferente. Fue más cuestión de que recordaste tu esencia y la acogiste con cariño y esperanza. La que te hace brillar y la que deslumbra a los que tienes cerca.
Tú halo se hacía notar, y te lo digo yo, que te observo día tras día.
Por eso, recuerda que una vez también creías estar perdida, sin rumbo. Pero que al final, confiando en mi, descubriste que traje cosas maravillosas.
Ahora duerme, pequeña. Aguarda paciente. Sigo aquí cuidando de ti y no me iré a ninguna parte.
Te haré más fuerte. Más fiel a ti. Más brava. Pero si te cuento el final de la película pierde la gracia.
Fdo: tu ángel de la guarda