8 sept 2019

Olor a tierra mojada


Aquella tarde de domingo la habitaciΓ³n olΓ­a a tierra mojada. 
La luz de lo que empezaba a ser un atardecer mΓ‘s de verano, iluminaba tΓ­midamente  nuestros cuerpos jadeantes despuΓ©s de ahogar el deseo. 

Camino de besos suaves dibujabas por todo mi cuerpo, comenzando por los pies y escalando lentamente por cada una de mis curvas hasta llegar a la cima de mi boca. 

No fueron uno, ni dos, ni tres los besos que dejaste en mis labios hinchados y rosados por la excitaciΓ³n del momento. Nunca eran suficientes y siempre me regalabas miles de cientos.
Yo me dejaba hacer, cerraba mis ojos y activaba el sentido del tacto sintiendo en cada poro de mi piel, tu respiraciΓ³n. 

     - Tenemos un problema- susurraste mirΓ‘ndome a los ojos. 

No quitΓ© la mirada esperando que continuaras, viΓ©ndome a mi misma en el reflejo de tus ojos verdosos. Y asΓ­, tras hacer una pausa volviste a hablar. 

     - Y es que siento que te quiero. Que te quiero, pero no como se quiere a una amiga. Y eso es un problema. 

La ternura de tus palabras dibujaron en mi una pequeΓ±a sonrisa. Y sin mΓ‘s, mis ojos comenzaron a vidriarse lentamente sin quitarnos la mirada. 
En aquel preciso momento no sabΓ­a por quΓ© mis ojos aguardaban lΓ‘grimas que no se atrevΓ­an a correr por mis mejillas. 

Desde hacΓ­a poco mΓ‘s de dos aΓ±os, mi corazΓ³n latΓ­a mΓ‘s lento, y sanaba por dΓ­as. Ausencias de sentimientos verdaderos que lo hicieran acelerarse, pero hoy, tras esa confesiΓ³n algo hizo clic en mΓ­. Algo que me impulsΓ³ a tocarte el pelo con la yema de mis dedos y a decirte en voz bajita: 

     - Eso no es un problema.

HabΓ­an sido numerosas las ocasiones en que los “te quiero” eran como la guinda de un pastel que solΓ­amos comer juntos, pero hasta esa tarde, nunca antes habΓ­a sentido que me hablabas con tanto corazΓ³n. Y estΓ‘ claro que aΓΊn el mΓ­o, no se atreve a  responder.