Me pregunto cuándo dejaré de vivirnos en recuerdos.
Casi olvido tu número de teléfono.
Casi olvido como hueles, pero alguien paseando por la calle me lo recuerda.
Casi consigo no mirar a tu ventana, imaginando que subo las escaleras y eres tú quien abre la puerta para darme un beso en los labios.
Casi no pienso en ti cuando escucho la letra de las canciones. Las nuestras son sin duda las que he olvidado por completo y su melodía ya no duele.
Casi no imagino nuestro encuentro inesperado en cualquier lugar de la ciudad. Casi no pienso cómo saludarte o cómo me sentiré al volver a decirte “adiós”.
Casi no tengo miedo de volver a estar triste. Si es que ya se puede decir que he salido de ese bucle.
Casi olvido qué número viene después del ocho y antes del diez.
Casi gasto todas las lagrimas habidas y por haber. No bajo la guardia, porque cuando menos lo espero, llegan y me vuelven a recordar que casi te olvido.
Casi no te sueño. Ni te escribo. Ni tonteo. Ni sonrío detrás de la pantalla.
Casi me convenzo que quiero solo café contigo.
Por cierto, casi me lo creo.