7 ago 2013

El juego del deseo

Le cubre los ojos con un simple pañuelo,que guardaba en el armario. La habitación aun permanece iluminada por la lámpara que cuelga del techo, pero los ojos de Rocco ya no consiguen ver nada. Ante la imposibilidad, solo le queda dejarse llevar por sus otros 4 sentidos.

Nota su propio cuerpo tendido sobre las sábanas. Se encuentra mirando hacia arriba con los brazos extendidos en paralelos al tronco y las piernas formando una especie de v invertida.
Si fuera el momento de ir a dormir, Rocco sabe perfectamente que aquella postura no le ayudaría a conciliar el sueño.
Sin embargo, esta noche hay una persona empeñada en que aun siga despierto.

Respira tranquilo, sabe que está en buenas manos.
Tan solo es capaz de percibir ciertos sonidos procedentes de la habitación de al lado.

Llegando a impacientarse, decide preguntar:

     - Olivia, ¿vas a dejar que espere mucho más?

No recibe respuesta. Sabe que le ha oido pero Olivia es una experta en crear suspense.
Escucha como se abre la puerta de al lado, pero sus ojos siguen ain darle más pistas. Es su olfato en este caso el que sí le permite oler su perfume.
Es reconocible desde 1 km de distancia, y le encanta como huele.

     - Menos mal, empezaba a pensar que te habías ido y me habías dejado aqui...

Rocco tan solo lleva puesto unos boxers marrones, dejándo así su torso al descubierto y el resto de su cuerpo.
Antes de que Olivia le atara el apñuelo alrededor de su cabeza, le había pedido que se desnudara, dejándo solo la ropa interior.
Él accedió.

     - Shh... - escucha por fin a Olivia.

Él no lo sabe. Olivia ha salido del baño dejando al aire su pelo moreno. Lo tiene tan largo que consigue que este tape sus pechos de forma delicada, y sobretodo sensual.
Lleva un atrevido body de encaje color burdeo. Apenas cubre la bronceada piel de Olivia. Deja entrever las partes más bonitas y realza su belleza.

Tirantas, escote pronunciado, espalda descubierta y braguita brasileña.
Mezcla de detalles que harían despertar las fantasias más lujuriosas de cualquier ser humano.

Decidida, inclina el cuerpo y a cuatro patas avanza hacia él desde los pies de la cama, donde la está esperando.
El movimiento del colchón avisa a Rocco, que ante la expectación entreabre la boca y sonríe pícaro.

El juego de la seducción no ha hecho nada mas que empezar.

21 jul 2013

¿O sí?

Mirada perdida. Está sin estar. Su rostro se refleja en el cristal  del autobús que la lleva de vuelta a casa. 20 minutos de recorrido que dan para pensar mucho.

<<Accidente de autobús: Ningún superviviente tras volcar el vehículo en una curva. Las causas se desconocen>>

Se le ocurren mil formas de acabar con su vida en el corto trayecto.  Acabar para siempre. Dejar de sentirse de ese modo. Que algo se libere dentro de ella.

Le da vueltas y se pregunta: ¿Qué? ¿Por qué?. No tiene respuesta.

¿O sí?

Ha puesto excusas donde quizás no las haya, ha puesto hechos donde quizás sí le hayan marcado y ha puesto heridas que seguro que le han debilitado.

Ve reflejado su rostro en el cristal y se analiza. Se odia pero se quiere al mismo tiempo. Los ojos parecen humedecerse y un nudo va formándose poco a poco en su garganta. Con lágrimas, recorriendo cuesta abajo sus mejillas, recuerda haber guardado una chocolatina en su bolso. Es ahora cuando baja la mirada y sus manos se abren paso entre  las cosas, en busca de lo que parece, en este momento, la solución a su problema.

Consigue encontrarla y ni apenas pasados 5 segundos, ya se encuentra dándole un gran bocado. Con el papel que lo envolvía en la mano, vuelve a verse reflejada en el espejo…Se odia ahora más que nunca a sí misma.

Nadie la observa, pasa desapercibida en aquel asiento del autobús que la lleva a casa. Abrirá la puerta, y disimulará una vez más ante los ojos atentos de su madre.

     - Me estoy haciendo pipí.


Servirá esa excusa para desviar miradas y evitar mostrar como sus ojos se han enrojecido e  hinchado por el sofoco. Se dirigirá a su habitación sin decir palabra y allí en la intimidad de las cuatro paredes…terminará por hundirse aun si cabe, más.

18 jul 2013

Noche en Florencia (II)

Siente su respiración en la  mejilla. Ha conseguido tumbarse a su lado sin que él pudiera notar nada, pero Sofía está ahí. Insinuante. Con ganas de que la haga suya en aquella ciudad tan bonita.

Con su mano izquierda acaricia su pelo, dejando que discurra lentamente entre sus dedos. Los ojos de Sofía no dejan de mirarle. Sin embargo, Bruno aun sigue absorto en sus sueños sin ser consciente de lo que en ese momento ella siente y desea.

Decidida, roza con la yema de los dedos sus labios. Lo hace de forma cuidadosa, recorriendo de derecha a izquierda la plenitud de su boca. A medio camino, Bruno entreabre los ojos y la ve junto a él.

No sabe cuánto tiempo lleva dormido, ni cuánto rato Sofía ha estado observándole. Con una tímida sonrisa en la cara se dirige a ella:

     - Hola preciosa…

Tras escucharle Sofía le da un beso en los labios. Un beso de los largos, de esos con los que te quedas con ganas de más y el deseo te despierta.

     - Estabas dormido, pero no he podido evitar despertarte- le responde Sofía centrando su mirada en sus ojos.

     - Te parecerá bonito…

Bruno sabe perfectamente que cuando Sofía quiere, puede ser muy sensual. Cuando quiere alg0, lo quiere cuanto antes y no parará hasta conseguirlo. El tono pícaro con el que él le ha contestado es una estrategia más para que ella, saque sus armas de mujer y le caliente como él tanto desea, y ella tan bien sabe hacerlo.

Él es ahora el que acerca su boca a la suya mientras coloca su mano en la nuca de Sofía. Sabe que con solo ese gesto hará que ella se estremezca. Entre beso y beso Bruno le comenta.

     - Llevas un camisón muy bonito Sofía.

Para cuando termina la frase, Sofía de rodillas en la cama, se deshace de la fina tela que cubre su cuerpo, arrojándola al suelo de la habitación que parece estar más caliente por momentos. Se sitúa encima de él y se inclina hacia adelante para, una vez más sentir el sabor de sus labios.


Perdidos en el deseo y cubiertos por la oscuridad de la habitación, se dedican todo tipo de caricias y besos. Ella es suya y él es suyo. No serán conscientes del tiempo, tan solo se dejarán llevar por el amor y la pasión que desprenden sus cuerpos.

25 jun 2013

Noche en Florencia (I)

Luz tenue. Silencio de madrugada. Bruno yace en  la cama de sabanas blancas y frescas de la habitación 234 del lujoso hotel de la ciudad de Florencia.

Por el gran ventanal, situado a los pies de la cama, se puede ver a través del movimiento suave de las cortinas movidas por la ligera brisa de la noche, los edificios que se levantan hacia el cielo estrellado junto al río, iluminados por las luces amarillentas de cada una de las farolas del paseo. Apenas entra el ruido de la calle en la habitación, tan solo un pequeño susurro procedente de un acordeón.

Tendido boca arriba vestido únicamente con unos finos bóxers negros y dejando su pecho al descubierto, espera a Sofía, que dejó la puerta del baño entreabierta  permitiendo que se escape una luz suave y un dulce aroma de su perfume.

Por un momento cierra los ojos y sitúa los brazos por detrás de la nuca. Planea en silencio los lugares, que juntos, visitarán mañana desde primera hora, dónde disfrutarán de la mejor pasta siciliana como a Sofía tanto le gusta, qué rincones de la ciudad de la bonita Toscana inmortalizarán con fotos…Para cuando haya pre-visualizado el día, Sofía sale del baño. Tocando el suelo con sus pies descalzos, avanza de forma sigilosa por el pasillo hasta llegar a los pies de la cama.

Lleva un delicado y sensual camisón de seda, color anaranjado que resalta aún más el tono bronceado de su piel. Su larga melena morena le cubre los suaves hombros, pero apenas su cara redondeada y un poco aniñada. Centra su mirada en Bruno tumbado aun sobre la cama, con la misma postura  mientras ella se encontraba fuera del dormitorio. La poca luz que disimuladamente entra en la habitación le permite distinguir cada una de las partes de su cuerpo que ahora descansan sobre las sábanas. Su respiración es tranquila y el pecho sube y baja al mismo compás. Sus labios se encuentran entreabiertos, lo que despierta el deseo de Sofía de besarlos de forma dulce y sin despertarlo de lo que parece un sueño tranquilo.

Antes de tumbarse a su lado, corre del todo las cortinas para impedir que por la mañana el sol los despierte con sus rayos.

...


20 jun 2013

Un encuentro esperado

Suena una de las canciones con las que se le erizaba la piel en la intimidad de su habitación. Pero ahora no está sola. Baila rodeada por cuerpos extasiados de alcohol.

Mira a un lado y a otro. Caras conocidas, y otras no tanto, pero no encuentra la que anda buscando.

Intenta dispersar la mente, esos pensamientos que no le hacen disfrutar y sentirse bien consigo misma. Baila. Ríe. Pero no está, no lo encuentra.
Ahora inmersa en sus pensamientos, cierra los ojos y deja que el cuerpo baile al son de la música.


Lo imagina a lo lejos viniendo hacia ella con una camisa azul marino y unos vaqueros, se mueve entre la gente mientras con su mirada la busca. Ambos se miran deseando el encuentro. Suena aquella canción. Su corazón se acelera. Cada vez está más cerca y sus ganas de besarlo crecen.
Extiende su brazo y la coge de la mano. No puede evitar que le brillen los ojos y que sonría al tenerlo al fin cerca.
Antes de besarla le hace dar una vuelta sobre sí misma…Quiere contemplarla antes de tocar sus preciosos labios.




9 may 2013

El mar sin olas


En mitad de la noche y sin poder dormir, mi mundo poco a poco se venía abajo.
Salí de la cama, cogí el teléfono y encerrada en el baño abrí la agenda. Su nombre aparecía como uno de los contactos más llamados en los últimos días, y una vez más necesitaba hacerlo.
Con la esperanza de que el tono de llamada no fuera lo único que escuchara, pulse el botón y dirigí el auricular hacia mi oreja.

Un tono, dos, tres…

- ¿Sí? -volví a escuchar su voz después de haber estado los dos últimos días únicamente hablando por mensajes instantáneos, y mis ojos se cerraron por el dolor.
 Hola... –respondí.
- ¿Qué te pasa?
 No puedo dormir… -le dije cuando en realidad lo que salía de mi alma era un grito pidiéndole que viniera a rescatarme y a llevarme lejos.
- Es muy tarde Sara.
- Lo sé, perdona.
- Vuélvete a dormir.
- Ese es el problema, no puedo. Necesito que estés aquí, y que estés conmigo como antes.
- La cosa es que yo quizás ya no quiera estar contigo.
- No puedo vivir, tengo algo en el pecho que…no puedo estar así, te necesito.

El silencio se hizo entre ambos. Mi nudo en la garganta crecía y mis lágrimas ya corrían por mis mejillas esperando a que como solía hacer, inmediatamente las parara con sus manos y callara mis sollozos con un beso en los labios.

El problema es que él no estaba conmigo allí, y no sabía si quería volver a estarlo.


3 mar 2013

Un viaje en tren


Viajaba en el tren, al sentido de la marcha, mientras le escuchaba hablar con total dulzura y embelesamiento de un chico misterioso al que se refería siempre como  “mi”.

La expresión de su cara daba mucha información acerca de lo que aquella chica sentía. 
Sus ojos marrones parecían brillar y su sonrisa perenne, dejaba ver sus dientes blancos perfectos. Un dulce rostro que parecía feliz.
Enamorada.

Aquellas palabras con las que ella se refería al misterioso chico, me hacían imaginarme una pequeña historia que diera pie y sentido a aquel encantamiento.

Quise poner toda mi atención en la conversación entre amigas, durante el vaivén de un tren con destino a Manchester en un día inusualmente soleado. 
Disimulaba leyendo el periódico mientras aquella chica gesticulaba con sus manos y dirigía, de vez en cuando, la mirada hacia la ventana pensativa.

En cada palabra se veía perfectamente el maravilloso sentimiento de estar enamorada. 

12 ene 2013

Ganas en la maleta

Fundiendonos en un beso bajo las estrellas,pusimos punto y seguido a nuestra historia de amor.

Pondría tierra de por medio por solo unas cuantas semanas con las ganas, en mi maleta, de volver y ser besada en los labios.

Solo como él sabe. Solo como yo lo siento.

8 ene 2013

La colección de besos


Con cara serena y sentado en su butacón de piel marrón situado justo al lado del ventanal de la habitación, repasaba en su cabeza todos aquello momentos que compartió con la que hace tan solo 2 semanas había sido su mujer, su preciosa mujer.

Solo cuando llega el final de una historia, el ser humano se pregunta cómo empezó todo y qué hemos hecho para provocar que se termine.

Mario encendió la llama de aquel amor, invitando a Marga a cenar una noche más de verano. Bastaron pocas horas, para que entre ambos, saltara la chispa del deseo,  y terminaran compartiendo copa de champan y pasionales besos.
Las armas de seducción de Mario, fueron calando poco a poco en el corazón bien entrenado de aquella mujer morena de curvas exuberantes. Para la próxima primavera floreciente, la parejita ya había dado un paso mayor de valentía, prometiéndose amor eterno.
Ahora, junto aquel ventanal, por donde los rayos de sol parecían iluminar una fotografía de ambos, Mario secaba sus lágrimas con la manga de la camisa. La camisa que Marga le regaló en Navidad y que él en su momento, rechistó por el color verde odioso de la tela.
Suena el teléfono.

-         - Diga?
-        -  Mario…

Reconocida la voz de Marga, se reincorpora y se adecenta como si ella pudiera verle a través del auricular.

-        -  Sí, dime
-       - Siento que tengamos que arreglar los problemas de nuestro matrimonio, que un día fue, de esta forma…pero no me lo pones fácil.
-        -  Es difícil ponerlo fácil, cuando aun tengo sentimientos hacia a ti…
-         -Por favor, no sigas por ahí. Solo te llamaba para…bueno, es igual. Nos vemos el jueves Mario. Cuídate.

Con un helador cuídate, Marga se despide de Mario arrepentida por haber hecho aquella llamada, cuando de fondo se escucha la voz de un joven treintañero. Un guaperas que consiguió arrebatarle de sus brazos a la mujer que más que quería.

Terminada la conversación telefónica más fría y corta que recuerda jamás, vuelve a acomodarse para cerrar los ojos.


-     - Soy coleccionista de canciones Marga. Me encanta la música y creo que soy una de las pocas personas a las cuales le encanta su trabajo.
-       -  Pues yo soy coleccionista de besos.
-       - ¿Coleccionista de besos? Pero ¿qué tontería es esa Marga?
-      -  No es ninguna tontería…tengo guardado bajo llave todos los besos que me he dado en mi vida y cada uno de ellos son diferentes y cada uno de ellos tiene una cosa especial.
-       -  Buah! Como se nota que tienes demasiado tiempo libre cariño… A ver, dime uno de los besos que tengas guardados.
-     - Déjalo Mario, no me lo preguntes para que me sienta mejor. Lo seguiré guardando en secreto. Cuando realmente quieras saberlo me lo preguntas.


No es el primero ni el último recuerdo que a Mario se le viene a la cabeza. Tiene mucho tiempo para pensar y aunque no quiera siempre vuelve ella a su mente para recordarle una vez más, que descuidó lo que debe ser cuidado todos los días a cada momento.

Aquella noche en la que juntos preparaban la cena, recuerda perfectamente como Marga sacó el tema de la colección de besos guardados, y que ella escondía en algún lugar. Reconoce ahora que no le prestó atención, ni siquiera dejó que se explicara y tampoco se interesó para saber de qué iba aquello.

Ahora ansiaba por saber qué era aquello de los besos, y sobre todo cuál era su colección personal. Sabía que después de  años de matrimonio, debía de tener alguno guardado en la que él y ella, juntos, fueran los protagonistas. Algún beso que ella considerara importante, especial, y por ello debía de ser guardado.

Lo que Mario no sabía de toda esta historia, es que su mujer, guardaba cada uno de los tipos de besos que entre ambos se daban en algún momento del día. Los había de todas las clases y de todos los gustos.

Marga los depositaba en un tarro de cristal que escondía en uno de los cajones de su cómoda. Eran simples papelitos amarillos con un nombre y una breve descripción de cada uno de ellos por detrás.

Después de años de matrimonio, Marga coleccionaba más de 30 tipos de besos en secreto a expensas de un día ser desenfrascados para compartirlos con la persona que había protagonizados la completa y absoluta totalidad de ellos.