- ¿Y es que no sabes qué día es hoy?
Me temí haberme olvidado de algún cumpleaños, la fecha de
entrega de algún trabajo, o de ir a recoger la ropa a la tintorería.
Me observaba con los ojos abiertos y lo único que le
faltaba era tener la boca abierta, mientras yo hacía el esfuerzo de intentar
recordar qué diablos pasaba hoy. Qué era aquello tan importante que se me había
olvidado y por lo que quizás deberían de darme una buena colleja.
Saqué mi móvil del bolso y consulté mi agenda. No había ninguna
anotación ni alarma que me recordase algún evento importante.
- No tengo ni idea - le dije.
Agarró mi mano y de un latigazo me llevó hasta una
esquina apartada de la cafetería en la cual nos encontrábamos. En ese momento,
yo sí notaba que los ojos se empezaban a abrir cada vez más.
No podía parar de hablar. Lo hacía de una forma efusiva,
gesticulando con sus manos y yo intentando no perderme detalle de todo aquello
que me contaba. Mientras hablaba, su mirada estaba iluminada, sonreía sin apenas
darse cuenta, sus abultadas mejillas empezaban a enrojecer. Desde luego todo
aquello que me decía le hacía sentir especial, distinta.
“…es uno de esos días en lo que aunque parezca uno más, el ambiente está
cargado de amor. Los enamorados, se dedican palabras bonitas, se besan, abrazan
y se cogen de la mano aunque el trayecto sea corto. Pero hoy lo hacen de una
manera especial y distinta. De una forma más intensa, porque para ellos, es su día
especial. Nos encanta, que por ser hoy,
nos envíen flores a casa o al trabajo, nos
regalen bombones, lencería sexy, escriban una carta bonita recordándonos cuánto
nos quieren o nos inviten a una cena romántica, ya sea en un restaurante bonito
o en casa junto a la luz de las velas. En este día hacen el amor más amoroso
del mundo”
Terminó de hablar y sabía que la sencilla razón por la cual
me había olvidado, era el hecho de no estar enamorada.