24 nov 2012

Coloridos escaparates

Una noche fr铆a y cubierta por el manto blanco de la nieve, estaban las calles iluminadas por las tenues luces de las farolas mientras la gente paseaba en familia disfrutando de las m谩gicas fechas de la Navidad.
El olor a casta帽as asadas, de humildes vendedores ocupaban las aceras de adoquines gris谩ceos, las chimeneas echaban humo, coros navide帽os entonaban los m谩s conocidos villancicos a la espera de la ca铆da de monedas sobre sus sombreros, se pod铆a ver cada una de las peque帽as tiendecitas, decoradas para la ocasi贸n con luces de colores, mu茅rdagos y alg煤n que otro 谩rbol de navidad, esperando a que los clientes traspasaran sus puertas e hicieran negocio.
Abundaban las tiendas de juguetes que recib铆an a la mayor parte de la clientela. Sus escaparates coloridos aguardan todo tipo de juguetes, esperando a estar entre los brazos de cualquier peque帽o. Muchos eran los ni帽os y ni帽as que se acercaban y llegaban a entrar con caras ilusionadas, para elegir la mu帽eca con el vestido m谩s bonito o el trenecito m谩s veloz.
Todos los a帽os en la misma fecha, una ni帽a pelirroja se asomaba y miraba con detenimiento, a trav茅s del cristal polvoriento de una peque帽a artesana jugueter铆a salvada de las grandes multitudes y agobios, sus triciclos de madera y sus marionetas sencillas de dos colores.
Apoyaba sus manos gorditas abiertas sobre el cristal y acercaba su carita redonda de mofletes rosados, llegando incluso a entrar en contacto su nariz peque帽a, con el fr铆o cristal.
Con los ojos azules bien abiertos, pesta帽eaba tan solo cuando era necesario con aquellas largas pesta帽as rojizas, para no perder detalle.
Siempre acud铆a cada tarde de invierno, vestida con leotardos de color marr贸n, falda de cuadros y una camiseta de mangas largas que alternaba cada d铆a con un color distinto, escondida debajo del mismo abrigo de lana celeste.
Protegida siempre su cabeza, con un gorro orejero de color gris, a juego con una bufanda del mismo color que le rodeaba 3 veces su cuello, sal铆a de su casa a la misma hora para ver c贸mo el viejecito dependiente le daba la vuelta al cartel de la puerta para indicar, un d铆a m谩s de la Navidad, que su tienda estaba abierto. Jam谩s se hab铆a atrevido a pasar del umbral de la puerta y hacer sonar las peque帽as campanas doradas, que avisaban de que alguien entraba.
Un a帽o tras otro, el due帽o de la jugueter铆a consigui贸 que aquella dulce cara se le grabara en la memoria. Le gustaba observarla desde su taburete de tres patas, justo detr谩s del escaparate, desde el cual tallaba sus figuras. Nunca hab铆an cruzado mirada, nunca hab铆an intercambiado palabra…pero ella siempre volv铆a a la misma austera jugueter铆a, y eso 茅l, lo admiraba.
En unas de las pocas corrientes tardes soleadas del invierno, la ni帽a volvi贸 una vez m谩s a la tienda para volver a mirar tras el cristal. Fue entonces cuando escuch贸 la campana de la puerta sonar.
Tras el replique, pudo ver al viejo juguetero como se acercaba a ella con una bata blanca, sujetando una mu帽eca de madera entre sus d茅biles brazos. Se acerc贸 a ella y extendi茅ndolos, la dej贸 caer sobre las manos, cubiertas esta vez por guantes, de la peque帽a.
Con los ojos muy abiertos, dirigi贸 la cabeza hacia arriba, lo mir贸 y esboz贸 una amplia sonrisa que dejaba ver, las dos peque帽as paletas que aun le faltaban por salir.
El anciano, inclin贸 su cintura para acercarse a la cara de aquel angelito y le dijo:
-         Feliz Navidad princesita.

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