30 nov 2012

Con los cinco sentidos


Paseรกbamos por las calles de la cuna del romanticismo a nuestros ojos, ya previamente alertados de que lo que nos encontrarรญamos, en un momento u otro  al doblar la esquina, era una fuente de grandes dimensiones dotada de cierto magnetismo y magia.

Llevรกbamos toda la maรฑana desde bien temprano, tras el desayuno romano en Pรญccolo Bar, descubriendo rincones hermosos de Roma ayudados por nuestro mapa.
Aquel podรญa ser uno de los dรญas con los que mรกs ilusiรณn me disponรญa a caminar por sus calles.

Habรญa oรญdo hablar mil veces de aquella fuente, de su historia mitolรณgica que aguardaba durante aรฑos, de la famosa tradiciรณn de turistas nada mรกs llegar a ella…que deseaba estar justo delante y contemplarla esta vez con los cinco sentidos.

Llegarรญa a descubrir detalles que en fotos es imposible, podrรญa escuchar el sonido del agua chocando con cada una de las figuras que la forman, sentirรญa el frรญo del mรกrmol en mis manos al apoyarlas, descubrirรญa a quรฉ huele el espacio mรกs cercano a ella y podrรญa terminar por descubrir el sentido del gusto saboreando un helado de nocciola y pistachio mientras veo pasar a la gente sentada cerca de aquella fuente.

Cogidos de la mano, รฉl me alertaba de la proximidad a la que nos encontrรกbamos de la fuente. La ilusiรณn se iba apoderando de mรญ a medida que avanzamos.
Eran numerosos los restaurantes, que a derecha y a izquierda, ocupaba el camino. Alertaban de las riquรญsimas pizzas en forno di legna, de las ensaladas verdes con queso burrata…el olor era incesante y provocaba que el apetito siempre estuviera presente a cualquier hora del dรญa.

A pesar de la multitud de turistas que paseaban y descubrรญan la ciudad al mismo tiempo que nosotros, disipamos la esquina. Giramos la mirada hacia la izquierda sin ver nada aรบn y el fuerte sonido del agua nos dio la pista definitiva.



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